INTRODUCCIÓN.
" ABRID LAS PUERTAS AL ESPÍRITU:
NUEVOS MOVIMIENTOS EN LA IGLESIA. ".

 

Con las palabras: "ABRID LAS PUERTAS AL ESPÍRITU" se abre una nueva época para la Iglesia, epoca suscitada por una profunda renovación de la Iglesia, de sus estructuras y métodos para llevar el Mensaje de Dios a la humanidad, y acercar la humanidad a Dios.

Desde la clausura del Concilio Vaticano II, y durante algunos años anteriores, van surgiendo como lenguas de fuego por toda la cristiandad nuevas experiencias, "corrientes de gracia", que van a ir creciendo y vivificando el Cuerpo de Cristo.

En estos últimos años, este fenómeno asociativo de fieles se ha caracterizado por una particular variedad y vivacidad.

Nuevas experiencias que van a ir cuajando en realidades llamadas: "LOS NUEVOS MOVIMIENTOS"

Después de más de 25 años de estos hechos y al comienzo del nuevo milenio se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino, por boca de su Santidad Juan Pablo II resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón, invitó al Apóstol a "remar mar adentro" para pescar: "Duc in altum" (Lc 5,4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. "Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces" (Lc 5,6)

Con esta invitación tenemos que mirar hacia adelante, confiando en la palabra de Cristo: las experiencias vividas deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo, empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas concretas. Jesús mismo nos lo advierte: " Quien pone su mano en el arado y vuelve su vista atrás, no sirve para el Reino de Dios " (Lc 9,62).

El Espíritu Santo no sólo confía diversos ministerios a la Iglesia, sino que también la enriquece con otros dones e impulsos particulares, llamados carismas. Estos pueden asumir las más diversas formas, sea en cuanto expresiones de la absoluta libertad del Espíritu que los dona, sea como respuesta a las múltiples exigencias de la historia de la Iglesia; por eso me atrevo a decir que la realidad de los centros nacidas al amparo de la "Corriente Gracia" llamada Renovación Carismática Católica son dones que el Espíritu va suscitando para enriquecer a la Iglesia de Dios

Estos centros sean grandes o pequeños, son siempre gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.

El Concilio Vaticano II escribe: "Para el ejercicio de este apostolado, el Espíritu Santo, que obra la santificación del Pueblo de Dios por medio del ministerio y de los sacramentos, otorga también a los fieles dones particulares (cf. 1 Co 12, 7), "distribuyendo a cada uno según quiere" (cf. 1 Co 12, 11), para que "poniendo cada uno la gracia recibida al servicio de los demás", contribuyan también ellos "como buenos dispensadores de la multiforme gracia recibida de Dios" (1 P 4, 10), a la edificación de todo el cuerpo en la caridad (cf. Ef 4,16)".

Los grupos de la V.S.P. y sus CENTROS nacen a partir de un vínculo vivo, esencial y constante que las une entre si, que las hace necesitarse, cuidarse y amarse en Cristo Jesús, como expresión de la presencia viva del Espíritu en la Iglesia y su tarea en el mundo.

Ciertamente es inmensa la tarea que ha de realizar la Iglesia en nuestros días; y para llevarla a cabo no basta la parroquia sola. Por esto, el Código de Derecho Canónico prevé formas de colaboración entre parroquias en el ámbito del territorio y recomienda al Obispo el cuidado pastoral de todas las categorías de fieles, también de aquéllas a las que no llega la cura pastoral ordinaria. En efecto, son necesarios muchos lugares y formas de presencia y de acción, para poder llevar la palabra y la gracia del Evangelio a las múltiples y variadas condiciones de vida de los hombres de hoy.

Los Padres sinodales han considerado atentamente la situación actual de muchas parroquias, solicitando una decidida renovación de las mismas: un punto importante a tener en cuenta son las pequeños centros eclesiales.

La razón profunda que justifica y exige la asociación de los fieles como en la Asociación V.S.P., es de orden teológico, es una razón eclesiológica, en total comunión con el Concilio Vaticano II, que ve en el apostolado asociado un "signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo".

Ante todo debe reconocerse la libertad de asociación de los fieles en la Iglesia. Tal libertad es un verdadero y propio derecho que no proviene de una especie de "concesión" de la autoridad sino que deriva del Bautismo, en cuanto sacramento que llama a todos los fieles laicos a participar activamente en la comunión y misión de la Iglesia. El Concilio es del todo claro a este respecto: "Guardada la debida relación con la autoridad eclesiástica, los laicos tienen el derecho de fundar y dirigir asociaciones y de inscribirse en aquellas fundadas".

Criterios de eclesialidad para las asociaciones de fieles.

La necesidad de unos criterios claros y precisos de discernimiento y reconocimiento de las asociaciones de fieles, también llamados "criterios de eclesialidad", es algo que se comprende siempre en la perspectiva de la comunión y misión de la Iglesia, y no, por tanto, en contraste con la libertad de asociación.

1º- El primado que se da a la vocación de cada cristiano a la santidad, y que se manifiesta "en los frutos de gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles"(109) como crecimiento hacia la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en la caridad.(110)

2º- La responsabilidad de confesar la fe católica, acogiendo y proclamando la verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre, en la obediencia al Magisterio de la Iglesia, que la interpreta auténticamente. Por esta razón, cada Centro de la Asociación V.S.P. debe ser un lugar en el que se anuncia y se propone la fe, y en el que se educa para practicarla en todo su contenido.

3º- El testimonio de una comunión firme y convencida en filial relación con el Papa, centro perpetuo y visible de unidad en la Iglesia universal, y con el Obispo "principio y fundamento visible de unidad" en la Iglesia particular, y en la "mutua estima entre todas las formas de apostolado en la Iglesia".

La comunión con el Papa y con el Obispo está llamada a expresarse en la leal disponibilidad para acoger sus enseñanzas doctrinales y sus orientaciones pastorales.

4º- La conformidad y la participación en el "fin apostólico de la Iglesia", que es "la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de su conciencia, de modo que consigan impregnar con el espíritu evangélico las diversas CENTROS y ambientes".

Desde este punto de vista, la Asociación V.S.P., pone todo su empeño en un decidido ímpetu misionero que le lleve a ser, cada vez más, sujetos de una nueva evangelización.

5º-El comprometerse en una presencia en la sociedad humana, que, a la luz de la doctrina social de la Iglesia, se ponga al servicio de la dignidad integral del hombre.

Los criterios fundamentales que han sido enumerados, se comprueban en los frutos concretos que acompañan la vida y las obras de las diversas centros.; como son el renovado gusto por la oración, la contemplación, la vida litúrgica y sacramental; el estímulo para que florezcan vocaciones al matrimonio cristiano, al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada; la disponibilidad a participar en los programas y actividades de la Iglesia sea a nivel local, sea a nivel nacional o internacional; el empeño catequético y la capacidad pedagógica para formar a los cristianos; el impulsar a una presencia cristiana en los diversos ambientes de la vida social, y el crear y animar obras caritativas, culturales y espirituales; el espíritu de desprendimiento y de pobreza evangélica que lleva a desarrollar una generosa caridad para con todos; la conversión a la vida cristiana y el retorno a la comunión de los bautizados "alejados".

 

CONCLUYENDO
Sin embargo, es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del " hacer por hacer ". Tenemos que resistir a esta tentación, buscando " ser " antes que " hacer ". Recordemos a este respecto el reproche de Jesús a Marta: " Tú te afanas y te preocupas por muchas cosas y sin embargo sólo una es necesaria " (Lc 10,41-42). Con este espíritu, antes de someter a vuestra consideración unas líneas de acción, deseo haceros partícipes de algunos puntos de meditación sobre el misterio de Cristo, fundamento absoluto de toda nuestra acción pastoral.

CAMINAR DESDE CRISTO

No nos satisface ciertamente la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!

No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste.

En los Centros es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas - objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios- que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las CENTROS e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura.

OBJETIVOS DE LOS CENTROS

La santidad

La meta de la santidad es primordial en la vida cristiana y por lo tanto en V.S.P.
En el Antiguo Testamento el hebreo Kadosch (santo) significaba estar separado de lo secular o profano y dedicado al servicio de Dios. El pueblo de Israel se conocía como santo por ser el pueblo de Dios. La santidad de Dios identificaba su separación de todo lo malo. Las criaturas son santas en cuanto estén en relación con El.
La santidad de las criaturas es subjetiva, objetiva o ambas. Es subjetiva en esencia por la posesión de la gracia divina y moralmente por la práctica de la virtud. La santidad objetiva en las criaturas denota su consagración exclusiva al servicio de Dios: sacerdotes por su ordenación; religiosos y religiosas por sus votos; lugares sagrados, vasos y vestimentas por la bendición que reciben y por el sagrado propósito para el cual han sido reservados.
Por el Bautismo todos somos llamados a la santidad y en la Iglesia recibimos las gracias necesarias que proceden de los méritos de Jesucristo. Todos, sin embargo, sean sacerdotes, religiosos o laicos deben responder libremente a esas gracias para lograr la santidad.

La oración

Para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en la actitud biblica de oyentes y orantes desde la Palabra de Dios. Sabemos bien que la actitud orante es algo que no puede darse por supuesto. Es preciso aprender a orar,para ello tenemos clarividents ejemplos de oyentes y orantes en la Biblia. Nuestra petición debe ser semejante a la de los primeros discípulos: " Señor, enséñanos a orar " (Lc 11,1). La Asociación V.S.P. debe ser ESCUELA DE ORACIÓN alla donde se encuentre, instrumento en manos del Maestro.

Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre. Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial, pero también de la experiencia personal, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar

Vida sacramental: La Eucaristia y la Reconciliación.

El mayor empeño se ha de poner, pues, en la liturgia, " cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza ". Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana.

Los centros de la Asociación V.S.P. debe ser lugar de amar en familia y como tal no puede perder la perspectiva del encuentro personal del hijo pródigo con el Padre desde el Sacramento de la Reconciliación, primer paso para una corrección fraterna fructífera.

Escucha de la Palabra

No cabe duda de que la primacía de la santidad y de la oración sólo se puede concebir a partir de una renovada escucha de la palabra de Dios.

Hace falta, queridos hermanos y hermanas, consolidar y profundizar esta orientación, incluso a través de la difusión de la Biblia en las familias.

Anuncio de la Palabra

Los centros de Asociación V.S.P. han de caracterizarse por ser " servidores de la Palabra" en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio.

La " llamada " a la nueva evangelización, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: " ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! " (1 Co 9,16).

Nos hemos de dirigir sin esconder nunca las exigencias más radicales del mensaje evangélico, atendiendo a las exigencias de cada uno, por lo que se refiere a la sensibilidad y al lenguaje, según el ejemplo de Pablo cuando decía: " Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos " (1 Co 9,22).

La Comunión

Otro aspecto importante en que será necesario poner un decidido empeño es el de la comunión (koinonía), que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia. La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rm 5,5), para hacer de todos nosotros " un solo corazón y una sola alma " (Hch 4,32).

En resumen:

Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tiene la Asociaicón V.S.P. en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo.